España es un equipo que fundamenta su superioridad en la acumulación
de talento en el centro del campo. Si ha ganado una Eurocopa y un
Mundial ha sido, básicamente, por ese torbellino de pequeños genios,
incontrolables en sus maniobras ofensivas. No hay antídoto contra ellos,
o no ha existido hasta el momento. Cualquier experimento que altere ese
hábitat pervierte la esencia de la Selección campeona de todo. Así
quedó demostrado en el partido de ayer.
De modo que el primer amistoso de preparación para la Eurocopa, a
quince días del debut contra Italia, resultó de gran utilidad para
confirmar algunos conceptos. El más importante insiste en el mediocampo
como lugar donde reside la personalidad del equipo. Nos referimos,
naturalmente, al mediocampo creativo. El debate del nueve es un
pasatiempo fantástico, pero la realidad es que España puede funcionar
bien sin un delantero centro, o con el menos centro de los delanteros
del grupo: Adrián.
El chico del Atlético, sin apenas despeinarse, marcó un gol y forzó
un penalti, y no es casualidad que todo ocurriera en la segunda mitad.
Junto a él circulaban por el campo Silva, Cazorla, Beñat o Navas,
futbolistas dinámicos y de permanente asociación. Con ellos, más la
aportación de Adrián, España jugó sus mejores minutos del partido por la
simple razón de que se pareció a sí misma.
Tal vez el debate del nueve haya sido estéril desde su planteamiento
porque España ya tiene dos: Llorente y Torres. Probablemente no exista
mejor complemento a sus características que las que ofrece Adrián,
diferente a ellos en casi todo, pero totalmente afín a la esencia del
equipo.
Dicho esto, el experimento inicial es comprensible. En
su afán por ser justo, Del Bosque alineó a Negredo y Soldado para
evaluarlos al mismo tiempo y en idénticas condiciones. El resultado fue
que el sevillista ganó sin discusión, más feroz y afilado. A los dos
minutos ya había probado la agilidad del portero serbio. Y cuanto más
aparecía Negredo, más afligido estaba su compañero de examen.
Sin embargo, a pesar del aplastante dominio, la España de la primera
parte tenía poco que ver con la España que ha hecho de cada partido una
fiesta. No se niegan sus virtudes de aseo y puntualidad, pero la
Selección no es la Selección sin una mayoría de jugones.
El problema, por tanto, no es el nueve, ni las bandas. Jordi Alba
cumplió por la izquierda y Juanfran hizo algo más que eso por la
derecha. Ayer observamos que su reciclaje ya ha sido completado. No sólo
sube con su natural alegría; también pega como un lateral de bigotes y
cuando el árbitro se lo reprocha pone ojos de extremo degollado. Ha
pasado de delantero degradado a asesino perfecto.
Silva, titular moral cuando regresen los que faltan, impulsó al
equipo tras el descanso. Beñat se sintió a gusto y se destapó con el
fabuloso pase a Navas que propició el primer tanto, cabezazo sutil de
Adrián. Tan sutil como el penalti de Ivanovic, transformado por Cazorla.
Serbia dudó entonces si jugábamos con once o con quince. Y de eso se
trata justamente.
ESPAÑA: Casillas; Juanfran, Ramos (Domínguez, min.46), Albiol,
Jordi Alba (Monreal, min.66); Navas, Bruno (Javi García, min.69), Xabi
Alonso (Beñat, min.46), Cazorla; Soldado (Silva, min.46) y Negredo
(Adrián, min.46).
SERBIA: Kahriman; Basta, Ivanovic, Subotic, Kolarov;
Radovanovic (Fejsa, min.66), Ignjovski (Markovic, min.66), Ljajic (Zoran
Tosic, min.77), Djuricic (Jankovic, min.66), Dusko Tosic; Lekic
(Scepovic, min.77).
GOLES
1-0, minuto 64, Adrián.
2-0, minuto 74, Cazorla, de penalti.
ÁRBITRO: Cyril Zimmermann (SUI). Amonestó a Domínguez (min.87), por parte de España, y a Kolarov (min.24), por parte de Serbia.



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